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Historia de Domingo

Por:   Raúl Ruiz 27 de enero de 2018

Salir de nuestra madriguera

 

Mide 1.52 metros.

Es de muy baja estatura.

Pero es asombroso.

Cuenta con 106 años de edad y es considerado el ciclista más longevo del mundo.

Vive en París, Francia.

Se llama Robert Marchand y apenas el 4 de Enero pasado impuso un récord.

Pedaleó durante una hora en un velódromo, tiempo en el cual recorrió 22.5 kilómetros.

Nadie con más de 100 años lo había hecho antes.

Pero ello quizás marcó su adiós.

Ahora se siente cansado.

Y no es para menos.

Su vida ha sido interesante.

Ha hecho lo que ha querido.

Claro, eso lo ha llevado a estar contento consigo mismo, pero también sufrir penurias que no quisiera volver a revivir.

Menos a esa edad.

El periódico español El País y el francés Le Monde recuperaron el pasado Jueves, un día después de su récord ciclista su historia.

El relato de su vida habla de su condición personal: Es sobreviviente de dos guerras mundiales, 17 presidentes franceses, obtuvo más de 200 trofeos y sigue pedaleando.

Su biografía indica que se casó en 1939 al comenzar la II Guerra Mundial y se quedó viudo y sin hijos en 1943, antes de finalizar esa conflagración.

Nunca más contrajo matrimonio.

Llevó una vida intensa: Fue bombero voluntario, encarcelado por negarse a impartir educación física a “hijos de papá” y colaboradores de los nazis.

El destino lo llevó a Venezuela, en donde crió pollos y traficante de armas para la guerrilla hasta que lo descubrieron con un camión cargado de rifles en la frontera con Colombia.

Debió entonces huir y se refugió en Canadá, un país con mucha afinidad con su natal Francia, en donde de verdad anduvo de pordiosero hasta que regresó a su país, en Francia.

Empujado por la envidia, así lo dice, a los 67 años, ya en la tercera edad, compró una bicicleta y empezó a pedalear. Vio a otros hacerlo y quiso imitarlos.

Nunca lo dejó más de hacer.

Cuando la semana que termina impuso el récord para personas mayores de 100 años en París le tomaron una foto que llamaba la atención porque portaba un “Maillot” (así le llaman a la prenda distintiva utilizada por quienes son los líderes de la famosa ciclista “Tor de France” (Vuelta a Francia), de color amarillo.

La prenda, evidentemente usada pero conservada tenía 20 años en posesión de Don Roberto.

Cuando lo dijo asombró.

Entonces los periodistas conocieron al verdadero Don Roberto, porque les dio su receta de la vida: Cómo ser feliz y vivir tantos años.

Su fórmula es simple:

 

1.- Llevar una vida austera: Considera que los males de nuestro tiempo son el egoísmo y el lucro. Él mismo es un ejemplo de cómo se puede sobrevivir con 820 euros al mes (algo así como 18 mil pesos mexicanos), una cantidad mínima para el nivel de vida en la capital de Francia, y radicar en un departamento de apenas 40 metros cuadrados.

2.- No al azúcar: Mata lenta y sabrosamente, dice. “…Es veneno y ni lo pruebo”.

3.- No enfadarse en exceso: Nada vale la pena en la vida para echársela a perder de esa manera.

4.- Huir del frío: Estima que conforme pasan los años hace daño al aparato respiratorio ,están más en riesgo con las bajas temperaturas.

5.- Ejercitarse: No por nada no quiere bajarse de la bicicleta

6.- Divertirse: Eso le da sentido a la vida y lo hace sentir bien.

 

Con estos 6 sencillos pasos como rutina diaria Don Roberto ha logrado rebasar el centenario de vida, con lucidez y energía, pero sobre todo con felicidad.

Sin embargo, vive solo.

Esa soledad ha aprendido a romperla conviviendo con sus vecinos, quienes lo respetan y admiran, y no dejando de socializar en sus competencias deportivas.

Don Roberto es un caso atípico.

Un vecino de Don Roberto (pues vive en el país de al lado), el sicólogo español Javier Guix, quien se ha dedicado a estudiar al ser humano y su tendencia a encerrarse a sí mismo ante los problemas, habría aprobado al longevo ciclista.

Lo hubiera hecho por su capacidad para no ser absorvido por sus fantasmas.

 

La madriguera

 

Para Guix, quien antes de ser sicólogo fue escritor, teatrero y hasta trabajó en televisión la madriguera particular es muy tentadora.

Quienes se refugian en sí mismo, asegura, se pierden.

“… (El) ensimismamiento (el encierro personal) lo sufren aquellas personas que parecen no vivir en este mundo sino en el suyo. Te miran pero no te ven. Te oyen pero no te escuchan. Por su mente pasa de todo menos lo que existe más allá de su nariz…”, advierte Javier en un ensayo publicado en el 2011 y difundido por esa exquisita revista titulada “El País Semanal”, que publica el periódico El País.

Y da una recomendación:

“… Si bien es rico cultivar la vida interior, su exceso, permanecer demasiado dentro de la madriguera puede acarrear el acabar siendo poseídos por los fantasmas propios. Hay que cultivar muy bien el alma para discernir los estados de iluminación de los estados ilusorios de la mente”.

Muy claro.

Por eso hace una recomendación que vale la pena analizar:

“… Hay que reconocer que dentro de la madriguera se está muy bien. No hay que hacer papel alguno; no hay que quedar bien con nadie; no hay que hacerse cargo de obligaciones, ni actuar con el riesgo de equivocarse. Hay una vida hacia uno mismo, sus intereses, ritmos, apetitos, deseos y necesidades. Es la vida del ego. Hay que diferenciarla entonces de la vida interior ...”.

De acuerdo con el prestigiado sicólogo el  cultivo de la interioridad tiene más que ver con la idea de “hacer alma”, de embellecerla, de saberse generar estados de bienestar, de comprender ética y compasivamente al otro, de ahondar en aquello que somos cuando hemos quitado todas las capas de definición posible.

Si lo hacemos así, considera, la madriguera pueda convertirse en un refugio o, por el contrario, en la cocina donde se gesta quien queremos ser.

“… Como refugio nos encerramos y protegemos. Como cocina, nos mantiene en un estado de construcción, de intenciones y de pasiones que mezcla sin temor la interacción con los demás y con el mundo…”.

Don Roberto, el ejemplar ciclista longevo, no se ha dejado atrapar en su madriguera y ha salido a cocinar pasiones e intenciones con los demás.

En tiempos que nuestros temores nos llevan a encerrarnos y buscar nuestra paz, en nuestros interiores, retemos mejor al mundo exterior y venzámoslo.

Aún con todo lo que pueda representar en riesgos.

Quien quita y vivamos más de 100 años y seamos felices, como Don Roberto y su receta mágica.

 

 

*****

FRASE TESIMONIAL 

“… Siempre he vivido con poco; en cuatro años mi pensión apenas se ha revalorizado 20 céntimos, nunca he tenido afán por acumular propiedades y he sido feliz… ”

 

Roberto Marchand, ciclista de 106 años

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