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Mi madre, una mujer abnegada

Por:   Jesús Noriega 7 de marzo de 2018

Mi madre, una mujer abnegada...

Mi madre fue siempre la mujer abnegada, leal, dispuesta al sacrificio con tal de concederle fortalezas y satisfacciones a Jesús Noriega, mi padre. Era modelo de esposa en la mitad del Siglo XX, cuando las mujeres dóciles, sumisas, aceptaban incluso atrocidades y fatalidades como derivaciones del destino de vida marcado por un Dios, no siempre generoso.

Fueron dos o tres veces que se lo oí decir, alguna de ellas rodeada de la parentela política y, al menos en una, en búsqueda de las complicidades y silencio que entonces le daban sus pequeños hijos. Nunca sospechó que el registro de memoria perdure hasta hoy.

Entre las primeras luces del entendimiento, a fines de la década de los 50´s, recuerdo a mi madre erguirse con aires marciales, impostar la voz y atisbar con la mirada fantasías que nunca descifré. Los ojos se le atenazaban en la distancia sin poner la mirada en lugares o puntos fijos.

Con tal desplante, Mercedes Vega Reyes recordaba que en 1955, unos cuantos años antes y al final de la soltería, las mujeres mexicanas votaron por primera vez. Por eso la fuerza de su voz al recordar aquel gran logro femenino, que sentía propio y vivía con regocijo íntimo. De entonces data que oí decir: ¡Ahora las mujeres podemos votar y ser votadas!

No obstante, en el trecho de vida ulterior de mi madre, pasaron de soslayo los cambios incrementales y los saltos esenciales que consolidaron el rol de mujer en la sociedad mexicana, de entre ellos destaco los que siguen:

Primero. Las pioneras en usar anticonceptivos fueron mujeres que, a veces en contra del varón y otras a escondidas, se hicieron usuarias de anticonceptivos para evitar llenarse de hijos y, con menos cargas domésticas, abrir otros espacios en sus vidas.

No fue fácil --aunque visto desde el presente pareciera tontería-- porque en los cincuentas y los sesentas del siglo pasado, el estigma social de “la píldora” la hacía impresentable en sociedad e impropia de mujeres decentes.

Segundo. La mejoría de las condiciones socioeconómicas, el incremento sostenido de la esperanza de vida y las tasas de fecundidad altas, desembocaron en la crisis llamada “explosión demográfica”.

Hacia 1970 México tenía 48 millones de habitantes y la población se duplicaba cada 25 años. Las presiones internacionales urgieron el programa de planificación familiar para contener la expansión, que de no haberse impuesto, en el México de hoy habría más de 200 millones de mexicanos seguramente ingobernables. Si no es que una o más revueltas civiles lo habrían ensangrentado antes de vivir la época que transcurre.

Tercero. A fines de la década de los setentas del siglo pasado, las mujeres mexicanas vivieron aires de libertad insólita que devinieron en el gran movimiento llamado “liberación femenina”. Un movimiento de masas distintivo, porque las oleadas de pensamiento liberal refrescaron desde los cimientos el rol de las mujeres mexicanas, especialmente de aquellas que procedían de la siempre crítica “clase media” de las ciudades.

Cuarto. La irrupción de las mujeres en los espacios públicos se dio en los comienzos a cuentagotas. Pero al paso de los años, en particular desde 1980 a nuestros días, se integraron al mercado laboral y ocuparon cada vez más posiciones en universidades, política, empresas, oficinas de gobierno, industria y en todos los campos del trabajo humano.

Las mujeres modernas acometieron nuevos desafíos en la formación y consiguieron títulos, licencias y posgrados, asumiendo puestos de mando y de autoridad con responsabilidades complejas. Se consolidó la participación efectiva del “sexo débil” en el progreso de la sociedad, compitiendo con frecuencia en terrenos que por tradición se creían exclusivos de varones.

Quinto. En lo que va del Siglo XXI las mujeres tienen avances sustantivos y consolidan el movimiento de la reivindicación de sus derechos. Los cambios conseguidos por el movimiento de las mujeres están en reformas, igualdad, seguridad y justicia, de manera que en conjunto reflejan los avances de la igualdad de género. Generación tras generación, con pasión y compromiso, hicieron realidad sus derechos.

En las etapas de crecimiento y desarrollo de las mujeres mi madre estuvo allí en cinco generaciones, está allí para ventura de los hijos. Tal vez no fue protagonista, pero tampoco se ausentó. En el tiempo de la pioneras alentó a sus amigas, en los inicios del control de la fertilidad fue asesora de vecinas y cófrades, abrió ojos de sorpresa con la liberación femenina pero no abdicó y toleró las opciones de sobrinas e hijas, animó a mujeres del entorno a estudiar y celebra con orgullo de género cada que alguna mujer sobresale en la cultura, la política o la ciencia.

En estos momentos históricos, marcados por el intenso ritmo de los movimientos humanos y el dinamismo de los cambios sociales, el reto es la unión de fuerzas entre las mujeres de todo el mundo, y de México en nuestro interés concreto, para que sin abandonar las raíces del trabajo que heredaron las activistas de varias generaciones, se dé paso a otras mujeres que cuenten con el vigor de las energías jóvenes e ideas de renuevo.

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