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Voltear la hoja

Por:   Sylvia Teresa Manríquez 17 de abril de 2018

Los rincones de la sed

Sylvia Teresa Manríquez

Se fundieron los focos
dos tardes después
de que te incineraron.
Las arañas del piano
salieron a despedirte.
Te llevé una rosa roja
y una del color de tu mortaja.
Guardé para siempre
las fotos de tus deseos.
Maté las cucarachas.
Dejé correr el tiempo.
Fragmento de “Canto para un novenario de tía Lola” de Mario Arturo Ramos

Mario Arturo Ramos visitó mi programa de radio “De Letras Corazón”. Como siempre el tiempo se nos fue charlando sobre su amor por el arte y la cultura, sus canciones, las personas que se han ido y quienes nos esperan, y por supuesto, sobre Querétaro, su tierra natal, aunque él dice que es habitante de México. Tiene cariño a Sonora donde ha sabido cosechar afectos, lo constata su amistad con Alonso Vidal y Luis Enrique García.
Es sabido que Mario Arturo ha escrito muchísimos de los mejores temas del cancionero mexicano, cada una es un verdadero poema. La primera vez que platiqué con este compositor fue al término de su conferencia sobre el corrido durante la XII Feria del Libro Hermosillo 2011, que estuvo acompañado por el cantante Alberto Ángel “El Cuervo”. Me dijo que el principal problema de la cultura en nuestro país es su distribución y no su hacer, porque hay mucha gente haciendo cultura, pero se hace en forma fragmentada.
Hablamos del problema de la difusión, dice que hay más poetas que lectores de poesía y que a los autores de canciones les preocupa más cómo obtener dinero que cantar cosas auténticas. Por eso a él, le parece que eventos como las Ferias, encuentros, festivales, presentaciones de libros son un buen camino para mostrar que junto al México bárbaro también existe el México culto que tiene que ver con el hacer de las y los mexicanos.
La relación con Mario Arturo pasó de las entrevistas a la colaboración en uno de los medios más queridos para él, y más importantes del país en cuanto a la difusión cultural, La Voz del Norte, semanario cultural editado en Mocorito, Sinaloa.
Además de música y amigos, nuestras charlas también han tratado sobre la función social de escritores y escritoras, de la conveniencia de estudiarlos dentro de la literatura nacional y del mundo; del activismo cultural, de la violencia en las calles, de justicia y cultura, de su poesía, en particular del poemario Los rincones de la sed de Ediciones Ermitaño y Fundación Anjor en la colección minimalía fusión de letras, que originalmente se llamó De viajes y viejas (A los viajes que he hecho y a las viejas que me han hecho).
Es un libro que inicia con la muerte de su madre y termina con la muerte de su tía Lola. Con visitas a Moscú, San Petersburgo, Nueva York, Montevideo, Buenos Aires.
Dice Mario Arturo que los poetas deben ser viajeros, describir sus viajes a través de textos épicos, como aquella costumbre japonesa donde los poetas iban de un monasterio a otro y pagaban la comida dejando un haikú en el lugar donde dormían. Él hace lo mismo a su manera.
Leer Los rincones de la sed fue para mí como andar por una ruta que ya alguien amó por nosotros, vivió para nosotros y escribió para él mismo, para no olvidar los regazos, cuerpos y alientos femeninos que como los caminos andados, rescatan lo simple y dan certeza de existir.
En este poemario encontré mucho más que la lectura descriptiva de emociones. En él vive gente que se vuelve cercana en cada estrofa, posee una musicalidad que ya no puedo dejar. Quizá se debe a la vocación del autor de leer, sentir y, sobre todo, escuchar al mundo.
Sin embargo, la aventura de sumergirse en los versos de Los rincones de la sed inicia con las palabras de un sonorense inolvidable, coincidencia de admiración entre Mario Arturo y esta comentarista: Alonso Vidal, en un prólogo donde podemos enterarnos de lo que pensaba Alonso de su amigo poeta.
En los versos libres de este poemario se ahuyenta al olvido y se redime al tiempo, las horas, los minutos. Son versos entregados así, como quien ofrece en sus manos y en sus letras el corazón, en la agradecible certeza de que la poesía sigue siendo motivo, compañía, refugio y esperanza.
Gracias a Mario Arturo por detenerse en mi ciudad y compartir un poco de su vida, gracias por Los rincones de la sed.

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