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Voltear la hoja

Por:   Sylvia Teresa Manríquez 25 de abril de 2018

Rojas como la fresa y la sandía

Sylvia Teresa Manríquez

Según Tomás, el color amarillo sabe a mostaza, pero es suave como las plumas de los pollitos.
Él dice que el color verde huele a césped recién cortado y sabe a helado de limón.
Y el negro es el rey de los colores. Es suave como la seda cuando su mamá lo abraza y lo arropa con su cabellera.
Todos los colores le gustan a Tomás. Porque los oye, los huele, los toca y los saborea.

Fragmento de “El libro negro de los colores” de Menena Cottin Y Rosana Faría.

La venezolana Menena Cottin es autora, ilustradora y diseñadora de más de 30 libros infantiles publicados en México, Colombia, Brasil, Perú, Guatemala, Italia, Francia, Portugal y Venezuela. Ella escribió “El libro negro de los colores” para ayudarnos a entender cómo percibe los colores alguien que no tiene el sentido de la vista.
Es una aventura sensorial plena de poesía que con sus metáforas adquiere otro sentido, al hacernos leer con las manos.
Rosana Faría, ilustradora, diseñadora y diagramadora venezolana, creó las imágenes con relieves de este libro, para hacernos sentir los colores con las puntas de los dedos. A las dos se les ocurrió crear un libro todo negro, con breves frases escritas con tinta blanca traducidas al Braille en las que Tomás, el niño protagonista, nos va narrando cómo siente, huele, toca y oye los colores
Me gusta compartirlo en los grupos de lectura porque nos sensibiliza sobre el mundo de los otros, en este caso las personas invidentes, a través de la lectura.
Algo de la Encuesta Estatal sobre Hábitos Lectores 2018, que se presentó hace pocos días en Hermosillo, me hizo recordarlo. Y es que no encontré alguna cifra que me indique cuánto, cómo, dónde y con quién leen las personas ciegas, quizá por una errada lógica que nos hace creer que este sector de la población no pueden leer.
Lo que sí encontré y me llenó de gusto, son cifras que indican que en Sonora somos cada vez más quienes leemos por gusto. Por ejemplo, la mayoría de las personas encuestadas, dijo que de niña o niño leía solo, muy pocas veces lo acompañaba su papá y muchas su mamá, casi nunca con otros familiares y mayormente sus maestros o maestras.
Haga un ejercicio de memoria y piense ¿con quién leía usted? Qué, dónde y por qué, también son datos que nos ayudan a entender la tradición lectora de las y los sonorenses.
Esto es parte de lo que se concentró en las 1,600 encuestas aplicadas a la muestra representativa de los 72 municipios divididos por regiones: centro, sierra, frontera y sur de Sonora.
A la pregunta de ¿Qué tanto le gusta leer? El 30% dijo que mucho apenas 3.3% contestó que no le gusta. La mayoría aseguró que lee para informarse; por placer, diversión y entretenimiento; y para estudiar o por trabajos escolares; muy pocos (8%) dijo que para ser culto y un porcentaje similar dijo que lee para tener algo que platicar.
La cifra que más se ha comentado es la que indica que en promedio las y los sonorenses leemos por gusto 5 libros al año. La encuesta detalla por sectores de edad; por ejemplo menores de 18 años leen 5 libros, de 29 a 30 leen 4 y de 69 años en adelante leen 7 libros por gusto al año. Datos que merecen análisis aparte.
El 80% de las personas encuestadas dijo que le alegra recibir libros como regalo, 74% (la mayoría) dijo que le gusta expresar sus opiniones sobre los libros que han leído pero solo el 25% gusta de compartir sus lecturas en redes sociales. La mayoría (68%) dijo que disfruta visitando bibliotecas y librerías, la mitad dijo que leer es uno de sus pasatiempos favoritos y que le gusta intercambiar libros con sus amistades, y solo el 24% aseguró que lee cuando tiene que hacerlo.
Hay otros datos que pudieran convocar al debate; por ejemplo, el 87% dijo que lee en redes sociales, curioso porque lo que se lee en Facebook, Twitter e instagram puede no ser precisamente algo que nos ayude a crecer cultural, emocional y espiritualmente.
Eso fue lo que me hizo iniciar esta entrega citando al “Libro negro de los colores” cuando dice Tomás que el rojo es ácido como la fresa y dulce como la sandía, pero duele cuando asoma por el raspón de su rodilla. Me parece que las cifras también son rojas y ácidas como la fresa y dulces como la sandía, y duelen cuando notamos la ausencia de unos en ellas, como las personas que no pueden ver pero si gustan de leer.

 

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