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GL La Verdad Radio 1270 AM

Palabras de Vida

Por:   Karl Fick 29 de abril de 2018

Las siete últimas frases de Jesús

Sexta parte

Karl Fick

Pensamiento clave:

“Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en Él” (2Cor 5:21).

Apreciado lector. De nuevo, es un gusto llegar a ustedes con esta interesante serie, de las últimas frases que Jesús expresó, justo antes de morir. El lunes anterior, estudiamos la frase “Tengo sed” (Juan 19: 28), la cuarta frase que Jesús expresó poco antes de morir. En esta ocasión, estudiaremos la quinta frase, la cual dice: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27:46 y Marcos 15:34).

Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo:

“¿Elí, Elí, lama sabactani? Esto es: ¡Dios mío, Dios mío! ¿Porque me has desamparado?” (Mateo 27: 46).

Jesús soportó en silencio todo el maltrato de que fue objeto. Soportó el rechazo, los golpes, los clavos abriendo su carne y huesos. Soportó el dolor que le produjo el sostener el peso de su cuerpo con las heridas producidas por los clavos en sus manos y pies. Pero cuando sintió que Dios lo había abandonado, a causa de la carga de los pecados de toda la humanidad, que llevaba encima, clamó “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has desamparado?” (Mateo 27: 46). Eso era más de lo que podía soportar. El grito sale de los labios secos, partidos e hinchados. El corazón santo está roto.

Hay estudiosos presentan dos formas de entender estas palabras de Jesús: a) Que está citando al Salmo 22:1. Un salmo que todo judío conocía. Este salmo inicia con una oración que expresa abandono pero termina con un canto de acción de gracias, porque Dios escuchó la oración del salmista. La otra opción, b) es la posición de que Jesús, realmente se sintió abandonado.
En Marcos 14:36 Jesús usa el término Abba, para referirse a su Padre, es una palabra que representa un trato más familiar, como decir papá. Pero aquí en Mateo 27:46, usa un término arameo Eloi, o del hebreo Eli, que es una palabra más formal, lo cual expresa un distanciamiento.

¿Cómo es posible, para alguien que ha disfrutado la compañía de su Padre, ahora sentirse abandonado? Isaías 59:2 dice que los pecados hacen separación entre Dios y el hombre, y ahora allí en la cruz, como garante de una raza humana caída y necesitada de redención, Jesús debía llevar solo el pecado de toda la humanidad. Isaías había dicho: “mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6). “Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en Él ” (2Cor 5:21).

No hay nada más terrible para alguien que ha experimentado la presencia de Dios, el sentir que ésta se aparte de él.
Si alguien ha estado solo y ha experimentado la soledad más dolorosa, fue Jesús. En una ocasión “muchos de sus discípulos le volvieron la espalda y ya no andaban con él. Así que Jesús les preguntó a los doce:―¿También ustedes quieren marcharse?” (Juan 6:66-67). En otra ocasión, en un momento crucial para Él, les pidió que velaran y oraran con Él, y se durmieron (Mateo 26:36-46). Judas lo traicionó, Pedro lo negó. Él entiende a los que tienen que llevar solos sus cargas, sin recibir una palabra de simpatía.
Él puede entender al hombre que llora la partida de su cónyuge y se pregunta ¿Dios mío por qué? Él puede comprender al anciano solitario que en un rincón abandonado y olvidado por sus hijos pregunta ¿Dios mío porque? Al niño que llora con solo el recuerdo de sus padres cuando pregunta ¿Dios mío, por qué? “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo, como nosotros, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:15,16).

“Y todo lo que sufrió: las gotas de sangre que cayeron de su cabeza, sus manos y sus pies, la agonía que torturó su cuerpo y la inefable angustia que llenó su alma al ocultarse el rostro de su Padre, habla a cada hijo de la humanidad y declara: Por ti consiente el Hijo de Dios en llevar esta carga de culpabilidad; por ti saquea el dominio de la muerte y abre las puertas del Paraíso. El que calmó las airadas ondas y anduvo sobre la cresta espumosa de las olas, el que hizo temblar a los demonios y huir a la enfermedad, el que abrió los ojos de los ciegos y devolvió la vida a los muertos, se ofrece como sacrificio en la cruz, y esto por amor a ti. El” (DTG 704).

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