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Voltear la hoja

Por:   Sylvia Teresa Manríquez 8 de mayo de 2018

Sylvia Teresa Manríquez


Valium

A veces (y no trates
de restarle importancia
diciendo que no ocurre con frecuencia)
se te quiebra la vara con que mides
se te extravía la brújula
y ya no entiendes nada

El día se convierte en una sucesión
de hechos incoherentes, de funciones
que vas desempeñando por inercia y por hábito.

Y lo vives. …
echas de menos lo que se ha perdido …

Y tienes la penosa sensación
de que en el crucigrama se deslizó una errata
Que lo hace irresoluble.

Y deletreas el nombre del Caos. …

Fragmentos de “Valium 10” de Rosario Castellanos


Desde hace unos años, cada que se llega la fecha de conmemorar a las Madres, surge la reflexión ¿Acaso no es un caos la vida cuando una hija o un hijo han sido arrebatados de manera violenta?
Perder ser querido duele, no volver a ver a un hijo, una hija, porque lo desaparecieron, es doloroso, crea incertidumbre y coraje, intensos, difíciles de sobrellevar.
Muchas madres mexicanas conocen este dolor, han tenido que padecer pérdidas que no se solucionan. Soportan humillaciones, maltratos, vejaciones, en su justa exigencia de respuestas. Atender la casa, a los demás integrantes de la familia, el trabajo, ellas mismas, se vuelve difícil porque es imposible vivir en el caos en que las pérdidas sumergen.
En el 2017 madres mexicanas marcharon en la Ciudad de México con señalamientos puntuales: Este día no es de festejo sino de lucha. ¿Dónde está? Era la pregunta pegada a las fotografías de hijas e hijos desparecidos.
Según el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED), en México existen 33,665 personas no localizadas, del 2007 al corte del 31 de enero de 2018; 1,731 en Sonora. Estas cifras del fuero común presentan el total de registros de personas relacionadas con averiguaciones previas, carpetas de investigación o actas circunstanciadas del fuero común que permanecen sin localizar.
Cifras que nos hablan de inseguridad, miedo, impotencia; hogares expuestos violentamente al dolor y la incertidumbre, porque, como escuché decir a una de las madres, no es ‘normal’ sepultar a los hijos.
Madres para las cuales el presente es un caos y el futuro indescifrable, porque una vez que un hijo o una hija desaparecen, siempre existirá también el miedo a que sean arrebatados más.
Por eso el poema “Valium 10” de Rosario Castellanos me llena de ecos, aunque no haya sido concebido por este motivo. Me hace pensar en la vida de tantas madres que se parten en pedazos para sacar el día a día y encima, seguir luchando por ver regresar a los suyos vivos, porque vivos los vieron partir.

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