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Historia de Domingo

Por:   Por Raúl Ruiz 19 de mayo de 2018

A lo que aspiramos

 

Por Raúl Ruiz

La monarquía británica estresó el sábado a los seguidores del jet set internacional.
La programación de la boda del Príncipe Harry con la plebeya estadounidense Meghan Markle, de 36 años, por los diferentes medios digitales y audiovisuales fue vista por al menos a 50 millones de personas en todo el Mundo.
Todos ellos, en un momento, vivieron extasiados los detalles y las emociones de un enlace matrimonial con el que muchos sueñan y aspiran.
Ello los distrajo de sus actividades habituales.
El Príncipe, el sexto en la línea de sucesión al trono ahora ocupado ahora por su abuela, la poderosa Reina Isabel II, escogió como su novia, primero, y luego como su esposa, a una popular artista de los Estados Unidos que tiene un perfil inédito y alejado de los tradicionales libros de cuentos de hadas:
Ella es liberal, proviene de una familia disfuncional y su madre, de origen afroamericano, tiene sus antecedentes nativos en la África de la esclavitud.
Pero no solo eso: Meghan es una conocida activista que lucha por los derechos humanos y la igualdad de género.
Entre las novedades del nuevo enlace estaba no sólo el origen de la novia, sino la imposibilidad de su padre para acompañarla para su enlace y “entregarla” a su novio, lo cual obligó a que llegará sola hasta el altar.
El fenómeno de la boda es social: En momentos en que la sociedad inglesa se debate entre la crisis económica, el desencanto de los políticos y su división por el famoso Brexit (referéndum que determinó la salida de Inglaterra de la Unión Europea con todas las implicaciones que ello tiene) la Monarquía Inglesa goza de altos niveles de popularidad.

Son queridos.
Una explicación a esta situación se encuentra en la decisión interna de los soberanos ingleses de abrirse más hacia los ciudadanos, de romper con protocolos tradicionales que seguían desde antaño y de que sean los nuevos príncipes ingleses, Guillermo y Enrique, quienes encabecen esta nueva cruzada de modernización de la Monarquía más vieja de Europa.
Por ello, por esa popularidad, y porque miles de ingleses aspiran a ser como los integrantes de la Familia Real, con sus vidas llenas de intrigas y de estabilidad a pesar de todos los problemas en su entorno, además de su riqueza y popularidad, es que la Boda Real se encamina a romper los niveles de audiencia para un solo evento de este carácter en todo el Mundo.
Los aproximadamente 50 millones de personas, por las diferentes vías digitales, siguieron la Boda Real Inglesa solo tiene comparación con el Súper Tazón.
Este evento deportivo tuvo este 2018 una audiencia de 111 millones de personas, sobre todo en televisión.
Ello habla de la dimensión del evento.

 

Lo que uno aspira

Sylvia Nasar, una conocida escritora Alemana sostiene que este tipo de aspiraciones tienen un fundamento muy sencillo:
Aspiramos a lo que deseamos tener, pero sobre todos terminamos admirando más a quienes rechazan status en circunstancias que para nosotros mismos están negadas.

“… Admiramos a gente que puede rechazar cosas a las que nosotros no podemos ni imaginar aspirar….”, concluye la redactora extranjera, famosa por su libro “Una Mente Maravillosa”, obra que terminaría siendo la base del guión de la célebre película que lleva ese nombre y fue lanzada a la fama por el actor Russel Crowe.

 

Nuestras aspiraciones

La boda real es uno de los mejores ejemplos de nuestra idealización de nuestros sueños.
En esa trama, ahora sí que todos los hombres quisieran ser un Príncipe (el más popular, por cierto, de esa dinastía), o ser la plebeya que, solo en las telenovelas, conoció y terminó conquistando a su Príncipe Azul.
Pero además quisiéramos quien porte ese portentoso vestido de Givenchy utilizado por la novia, y la indumentaria utilizada por el integrante de la Familia Real.
Esa aspiración se fundamenta en carencias, porque no se aspira lo que se tiene, sino lo que no se tiene.
Lo que uno aspira tiene características generalmente positivas y valores que conocemos, compartimos, pero no tenemos: Fama, valor, valentía, audacia, riqueza, belleza, status, y hasta decisiones que envidiamos y nunca hemos tomado.

 

Un modelo a atender

Este domingo que se lleva a cabo el Segundo Debate entre los candidatos de los diferentes partidos políticos a la Presidencia de la República, allá en Tijuana, es casi seguro que, ni por asomo, los niveles de audiencia se le acercarán.
Este es un buen ejemplo de que, contrario a la boda real, las audiencias acuden por morbo y no por una escala de valores positivas.
Hoy acudiremos a atestiguar un evento en el que los participantes no terminan de encarnar aquello a lo que aspiramos y queremos en materia de valores y status.
No por nada, como casi es a la misma hora, la mayoría terminará eligiendo ver el partido de futbol que protagonizarán los Diablos Rojos de Toluca en contra de Los Santos de Torreón.
Ahí sí, tenemos una aspiración emocional, y además legítima: Que las jugadas, estrategias y sobre todo el buen juego nos identifican pues soñamos hacerlas, aunque sabemos que no será posible.
Por eso los políticos volverán a perder a la hora de que tengamos que hacer nuestra elección entre ver una cosa y otra.
Así de devaluados están y así es el nivel de desafío que tenemos para que esto, por fin cambien.

 

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FRASE TESTIMONIAL

“… Admiramos a gente que puede rechazar cosas a las que nosotros no podemos ni imaginar aspirar….”,

Sylvia Nasar, escritor de origen alemán y autora del libro “Una Mente Maravillosa”

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