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Desde Holanda

Por:   Dianeth Pérez Arreola 5 de junio de 2018

Los vecinos

Por Dianeth Pérez Arreola


No sé si se acuerden de mi vecina de enfrente, a la que su ex-marido dejó en la calle después de convencerla de vender su empresa de limpieza y dedicarse a la de él. Al final la despidió y ella ya no pudo seguir pagando la hipoteca de la casa, por lo que tuvo que venderla para irse a vivir a una casa más modesta.

Pues gracias a mi vecina de la izquierda, que es el periódico del barrio, todos nos enteramos que la vecina en desgracia vendió su casa a su hermano, quien de manera sospechosa la pagó en efectivo, la remodeló y se mudó junto con su esposa e hija adolescente.

Para su desgracia, la esposa del nuevo vecino era parte del comité de padres de familia a donde asistían y asisten muchos niños de este barrio, y donde también participan en el comité algunos padres, así que tampoco tardamos en saber que la señora había estado presa algún tiempo por posesión de drogas.

Tienen un auto deportivo a la entrada de su casa, una motocicleta de marca y dos cámaras de video apuntan al frente y a la entrada de la calle. Al buen entendedor, pocas palabras.
Luego está la vecina del fondo de la calle, que trabaja en una tienda del centro comercial más cercano. Cuando vas como clienta, es la persona más amable del mundo y es toda sonrisas. Cuando te la encuentras en la calle, ni te voltea a ver.

Mi vecino de casi-enfrente es con el que más platico. Es un hombre en los sesentas, que saca a pasear a su perro con facha de antisocial, de esos que son una cruza entre serrucho y fisicoculturista. Los dos nos quejamos de lo poco sociales que son los residentes de la calle, del gobierno de Donald Trump, de las malas hierbas que crecen entre los ladrillos del piso y de cómo combatirlas, y por supuesto, del clima.

Hace varios meses fui a presentarme con la nueva vecina de tres casas a la izquierda, y aproveché que estaba arreglando su jardín de enfrente para acercarme. Me faltaban dos pasos para llegar cuando me miró y dijo: ¿tienes una pregunta? Y yo: no... solo quería presentarme y darte la bienvenida. Me agradeció apenada y no hemos coincidido desde entonces.
Mi vecino de atrás tiene un pequeño jardín de revista, con el follaje de sus plantas recortados en círculos perfectos, poco pero impecable pasto y una impresionante wisteria que adorna con sus flores moradas en forma de racimo, una de sus bardas.

Mi marido tiene una manía con nuestro pequeño patio. Es su proyecto permanente. Ahora mismo está nivelando el suelo cambiando la altura de los ladrillos que forman el piso y desapareciendo una jardinera para tener más espacio. Parece que explotó una bomba, hay bolsas de basura con tierra por todos lados, la hortensia gigante que pasamos de la jardinera a una maceta, ha muerto y si no tenemos un carro yonkeado ahí, es seguramente por falta de espacio.

Lo único que permanece intacto es el asador; listo para el buen clima y que nos permite ahuyentar y vengarnos de la vecina que se la pasa fumando afuera todo el día, sea la temporada que sea.

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