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Historia de Domingo

Por:   Por Raúl Ruiz 14 de julio de 2018

Contentos… pero inseguros

Andrés Manuel López Obrador cumple dos semanas este domingo de haber ganado las elecciones y convertirse en el primer Presidente de izquierda de México.
Han sido dos semanas vertiginosas de anuncios de los cambios que vienen.
Su apabullante triunfo, que lo llevará a gobernar el 95% del País con casi todos los municipios, nueve gubernaturas y casi todos los congresos locales, junto con los federales, ha provocado que, aunque asumirá el cargo el 1 de diciembre próximo, ya gobierne.
El haber anticipado a su Gabinete y equipo cercano de colaboradores (aquellos que no tienen cargos formales pero todo mundo sabe que mandan, como sus hijos y esposa, por ejemplo) y haber pactado una tersa transición con el todavía actual Presidente, Enrique Peña Nieto, lo ha colocado en la posición de cogobernar.
No por nada esta semana que termina una misión de alto nivel de Estados Unidos, encabezada ni más ni menos que por el Secretario de Estado, Mike Pompeo, el tercer cargo más importante en la estructura de mandos de los vecinos del Norte, sólo atrás del Presidente y Vicepresidente, además del yerno de Donald Trump y quien es también asesor de éste, Jared Kushner, lo visitaron y hablaron de lo que viene en las relaciones bilaterales.
Este es un paso clarísimo del poder que acumula ya López Obrador a pesar de que todavía faltan 5 meses para que asuma el cargo.
En estos últimos 15 días, la sociedad ha pasado del asombro a las sorpresas, por los anuncios, a la incertidumbre: Saber si el cambio propuesto por López Obrador, que ha sintetizado en lo que llama “La Cuarta Transformación” del País, será cierto y, sobre todo posible.
De varios anuncios, que tienen que ver con cuestiones cosméticas, como la descentralización de las secretarías de Estado a los diferentes estados, o la organización que quiere darle a su gobierno (desapareciendo a los delegados federales en los estados), hasta la anticipación de sus prioridades legislativas (un listado de 13), o el perfil del equipo que lo acompañará (lo cual habla mucho del tipo de Gobierno que se puede esperar), hasta el lanzamiento de un agresivo “Plan de Austeridad” indican un poco lo que ya podemos esperar, de entrada del Presidente electo más legítimo de la historia de México.

La advertencia y la austeridad republicana

Durante la última semana destacan dos hechos que vale la pena rescatar por las preocupaciones que tenemos los sonorenses.
Uno es el encuentro, el miércoles pasado, con los alcaldes, Gobernadores y legisladores electos de Morena y sus aliados.
De una manera coloquial y sincera les advirtió que si estaban pensando en enriquecerse al llegar al cargo que se fueran olvidando de ello.
Les anticipó que no se permitirán actos de corrupción, prepotencia, soberbia y que deberán ser el ejemplo de sus equipos de trabajo.
Debió caer como “baldazo de agua fría” esos sobreavisos para quienes han concebido el servicio público como una de las vías más fáciles para el escalamiento social: Hacerse ricos o resolver sus problemas económicos por la vía de las haciendas públicas.
Muchos debieron salir preocupados.
Ese fue un primer aviso relevante de la semana.
El otro fue el lanzamiento de un ambicioso “Plan de Austeridad” que comprende 50 puntos y que incluye desde reducción de los sueldos, hasta la no compra de carros, eliminación de suntuosidades y privilegios como esa de los seguros de gastos médicos, y no más secretarios, asesores y ayudantes.

Revisión de contratos

Dentro del “Plan de Austeridad” destaca el relativo a la observancia que habrá para las compras de gobierno y las asignaciones de obra pública, en donde se focaliza generalmente las prácticas corruptas de los gobiernos.
Son esas medidas las que más se acercan a ese anhelo de los mexicanos de contar con autoridades no corruptas.
Sin embargo, las acciones anunciadas son todavía difusas y sin duda tendrán un aterrizaje más concreto con leyes y sus reglamentos para que se obligue a los funcionarios y proveedores de los gobiernos a cumplirlas.
Hay todavía mucho que hacer ahí para que se hagan realidad.

¿Y la seguridad cuándo?

Muchos de los que votaron el pasado domingo 1 de julio por un potencial cambio ahora deben estar contentos.
El nivel de responsabilidad que tiene encima López Obrador y su equipo es enorme.
La presión social que representan esos 30 millones de votos recibidos y que, traducidos en el 53% del porcentaje del apoyo del total recibido, no tiene antecedente, debe ser el principal catalizador para estar trabajando, todos los días en nuevas propuestas.
Pero si bien es cierto que el cansancio por la evidente corrupción que campea y se pasea en toda la República fue uno de los principales generadores del cambio, también hay otro elemento que no se puede perder de vista.
Se trata de la inseguridad pública con todo lo que ello significa.
Hasta ahora hay sólo unas ligeras pinceladas de lo que puede ser un plan de seguridad integral:
Regreso de la Secretaría de Seguridad Pública, cambio en los procesos de evaluación de los policías, el casi mismo rol de las fuerzas armadas en el combate a la delincuencia organizada y el énfasis a la inteligencia (sobre todo financiera) para atacar a los núcleos de poder económico de los criminales, son algunas de las acciones señaladas.
Pero eso sigue siendo cosmético.
Un sonorense, Alfonso Durazo Montaño, será el encargado del tema.
Eso es lo que debe seguir.
“¿La seguridad cuándo?”, nos preguntaremos, y nos responderemos, esperanzados, que “pronto”.
Ojalá, y más allá de lo cosmético y de forma, en realidad sí sea pronto.

Sigue siendo el mismo
"...Las posturas de López Obrador prácticamente no han cambiado desde la época en que era un joven organizador de comunidades indígenas en su Estado natal, Tabasco. Lo que ha cambiado es el clima político de México... "

Azam Ahmed, corresponsal de The New York Times en México y quien fue uno de los reporteros que de más cerca cubrió la campaña electoral de Andrés Manuel López Obrador.