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Historia de Domingo

Por:   Raúl Ruiz 4 de agosto de 2018

“Su Pequeño Mundo” 

Por Raúl Ruiz

 

Fausto Islas Ponce, el conocido periodista del Valle del Mayo, falleció el pasado lunes 30 de julio.

Contaba con 44 años en el oficio, lo que lo hacía uno de los de mayor experiencia de los actuales comunicadores practicantes de la actividad.

Había iniciado su incursión en estas lides en 1974, en el entonces “Informador del Mayo”, en ese tiempo bajo la dirección de Feliciano Guirado Méndez.

Llegó a las instalaciones de ese medio ajeno a la tinta, pero terminó abrevándola y contaminándose de ella.

“Empezó desde abajo”, refiere con precisión don Francisco Rodríguez, quien lo vio llegar a ese medio como “utility”, haciendo de todo y aprendiendo de todo.

Su paso previo a la Redacción, donde se construyen las noticias, fue la tarea de linotipista, como se bautizó a quienes usaban el linotipo, que “tipeaba” las letras y armaba las palabras que luego daban origen a las historias convertidas en noticias.

Autodidacta privilegiado aprendió luego el oficio de escribir, pero sobre todo asimiló el oficio de interpretar la realidad y transmitírsela a sus lectores.

Desde sus notas informativas y luego desde su columna “Mi Pequeño Mundo”, Fausto se convirtió en uno de los referentes del acontecer político de la región.

Su columna, junto con la de Agustín Rodríguez y su hermano Esteban eran las más leídas y buscadas en el diario que tenía la hegemonía local.

En el ámbito deportivo don Francisco Rodríguez hizo, como gran complemento, de la crónica deportiva una experiencia sabrosa hasta convertirla (sin pretenderlo) en el mejor espacio de su tipo en toda la historia local.

Fausto formaba parte de ese equipo que parecía invencible.

Claro, eran periodistas sujetos a su circunstancia política y social: El control político cimentado en un solo partido de toda esa larga época les imponía límites y fijaba contrapesos.

Aprendieron a navegar en esa aguas y, en muchos de los casos, hasta cómplices silenciosos de ello se volvieron.

Pero en su nivel de maniobra ellos mandaban e imponían la agenda regional.

Eran respetados y, a veces, hasta temidos.

Pero el Mundo, México y Sonora cambiaron.

Pero “El Informador del Mayo” y sus propietarios se resistieron porque no lo entendieron.

Entonces aquel equipo de empíricos pero talentosos periodistas se empezó a dispersar y terminó disolviéndose.

“Mi Pequeño Mundo”, la columna de Fausto, intentó sobrevivir.

Sin embargo, en forma casi literal, ese Mundo en el que pretendía sobrevivir, se había achicado.

Su presencia se volvió esporádica y fugaz.

Perdió entonces presencia e influencia.

Su salud entonces, aparejada a una situación profesional complicada, empezó a decaer.

El clímax fue hace tres años, en una convivencia de colegas periodistas en una casa de playa, en Huatabampito, sufrió una fuerte recaída.

Quienes lo frecuentaban tras el incidente aseguran que ya nunca se repuso.

A pesar de ello no cesaba en su intento de escribir y escribir su “Pequeño Mundo”.

“No me puedo despegar completamente de esto”, decía a sus colegas apasionado y amante de su actividad.

Estaba infectado por el virus del oficio de comunicar.

Luego sobrevino lo inesperado:

El lunes, luego de varias recaídas, fue internado por un problema en uno de sus pies.

Afectado de diabetes aquello se volvió riesgoso.

Tuvo un cuadro complicado que terminó arrebatándole la vida.

Falleció casi como inició: Sin prosperidad material.

Al momento de su muerte contaba con 70 años.

Su columna “Mi Pequeño Mundo”, a pesar del empeño y el oficio que Fausto le imprimía ya no representaba ni reflejaba los intereses de esta nueva sociedad.

Estaba inserta en un Mundo que cambió hace muchos años.

En honor a su memoria, en honor a aquellos buenos tiempos en que “Mi Pequeño Mundo” formaba parte de los “influencers” de su época, vale la pena que los comunicadores, junto con sus lectores y sus patrocinadores, reflexionemos sobre la nueva realidad social y las nuevas exigencias de la comunidad.

A partir del 1 de julio pasado hubo una clara señal de que este es otro Mundo.

Un Mundo que es mucho más grande que “Mi Pequeño Mundo”, aquel que Fausto inmortalizó y por el que siempre lo recordaremos con respeto.

 

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Inmortalizado

El talentoso artista plástico navojoense Ángel Moreno acaba de inmortalizar a una leyenda del empresariado México-ibérico.

Se trata de una escultura hecha a figura y semejanza de don Antonio Suárez Gutiérrez, el Presidente de la empresa Grupo Marítimo Industrial (Grupomar), uno de los tres más grandes del sector en el País.

Para darnos una idea de lo que esta firma, que fabrica y comercializa la famosa marca “Tunny”, entre otras, representa basta mencionar que elaboran la tercera parte del consumo de conservas de atún en México y el 90% de ensaladas y especialidades del mar.

Todos los días, en sus instalaciones ubicadas en Manzanillo, en Colima, se elaboran 1.2 millones de latas de sus productos.

La iniciativa de la escultura fue de otro distinguido navojoense, Hugo Camou.

La obra ya está terminada y será cuestión de semanas para que sea oficialmente develada.

Una gran prueba a la que fue sometido Ángel y que ha superado con creces.

 

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Frase Testimonial: 

“…Mi vida se rige por dos grandes amores, el amor a la madre y el amor a la tierra. Siempre tendré en el corazón a mi madre y a la tierra en la que nací, y ese sentimiento lo traslado a mi hija y a mis nietos …” 

Don Antonio Suárez Gutiérrez, al hablar en la ceremonia en la que recibió el Premio “Álvarez Margaride de Trayectoria Empresarial” el 2016, en Gijón, España.

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