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¡Qué casualidad!

Por:   Por Raúl Ruiz 30 de agosto de 2018

La primera señal que confirmó una sospecha llegó esta semana.
Un documento que fue entregado por la Comisión Mixta del proceso de “Entrega-Recepción” en el Ayuntamiento a la Alcaldesa Electa de Hermosillo, Célida López Cárdenas, en sus manos, apareció de pronto en un medio de comunicación.
Bastaron menos de 12 horas para que el documento pasara de una mano a otra.
Se refería a una advertencia que los funcionarios del área de Informática y Oficialía Mayor de la actual administración le hacían a los entrantes para que no fueran sorprendidos por el “apagón digital” que habrá en 19% de las computadoras de la Comuna a partir del 1 de septiembre.
Esto ocurrirá porque ese día finaliza un contrato que tiene el Ayuntamiento con la empresa arrendadora.
Era un aviso de buena fe y por escrito, para que no hubiera duda.
Eso fue el martes 28 de agosto.
La segunda señal llegó a las calles ese mismo día:
Los trabajadores sindicalizados que dirige Salvador Díaz, “El Chava”, decidieron estrangular la ciudad bloqueando los principales bulevares de la zona Centro en las “horas pico”.
Los mismos aliados de Célida López en la campaña estresaron al Gobierno Municipal y su alcaldesa Interina Angelina Muñoz, pero sobre todo a miles de hermosillenses que, apresurados, vieron frenada su libre circulación.
Ellos quieren que se les paguen algunos de sus muchos privilegios. La gente sólo quería circular.
Hubo una tercera señal: Esta de nuevo llegó por la vía digital, por un medio.
Se trataba de una denuncia sobre el presunto gasto de $7.2 millones a una empresa por renta de luces navideñas durante los últimos 3 años.
Eso fue el mismo 28 de agosto.
Porque el medio lo dijo la Alcaldesa Electa acusó y sacó sus conclusiones, con esa rapidez de un Twitter:
“Excesivo e irresponsable gasto”.
No averiguó más.
A lo mejor es cierto, a lo mejor no, a lo mejor es una verdad a medias.
Eso no importó.
Llegó la descalificación fácil y expedita.
No sé si Célida ha leído al alemán Paul H. Koch, el autor de la “Política del Caos”.
Esta es simple como letal:
Se trata de crear confusión y desorden para desestabilizar. Luego llegan los desestabilizadores como salvadores.
A lo mejor hay una versión mejorada a la alemana gestada desde la época de Guillermo Padrés y cuyos operadores empiezan a asomarse en el equipo de la futura Alcaldesa.
En ese entonces, con Padrés, sus socios políticos se volvieron expertos en eso.
Esa fue una de sus expresiones de Gobierno.
Ahora parece que acudimos a una reedición de esa “Política del Caos”, pero chafa, previsible y con jugadas muy enseñadas.
Mucha casualidad.