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Palabras de Vida

Por:   Karl Fick 2 de septiembre de 2018

“Dios nunca se equivoca”

 "Venid, adoremos y postrémonos, arrodillémonos delante de Jehová nuestro hacedor" (Juan 17:3).

 

            Nuestro siglo vive la banalización de Dios. La tendencia humana es hacerlo pequeño e insignificante. El concepto bíblico de Dios es diferente. Para la cultura hebrea, Dios no era una simple “energía”. “aura”, “luz” o “influencia. Dios era Dios, soberano y eterno, Creador de los cielos y de la tierra. Dios personal y presente en la vida humana. 

            El salmista nos invita a que todos nos unamos a él en la oración y en el reconocimiento de la grandeza del Creador: “Arrodillémonos”, dice el profeta, cuando la palabra hebrea barak que significa literalmente, reconocer que Dios siempre tiene la razón. Él nunca se equivoca. Sus consejos son sabios y tienen por objeto la felicidad humana, aunque para la creatura parezca no tener sentido. 

            El misterio de sus designios, no significa arbitrariedad. No es el padre aireado que le grita al hijo: “¡cállate la boca, tu simplemente obedece!” Ese aparente misterio parece indescifrable para el ser humano, limitado por valore mezquinos y terrenales. Pero un día, cuando la creatura sea liberada de su naturaleza humana, todo será aclarado. 

            Cuando mi hijo mayor aprendió a gatear se sentía fascinado por los tomacorrientes eléctricos. Le gustaba poner el dedito en las aberturas y exponerse al peligro mortal de una electrocución. A su tierna edad, sería inútil explicarle a una creatura de apenas nueve meses la reacción que podría producir la unión del polo positivo con el polo negativo. Cuando yo le gritaba: “¡No!”, era solo por el bien de mi hijo, aunque fuese incapaz de comprender. 

            Esta es la razón que el salmista da en el texto de hoy para adorar a Dios. “Arrodillémonos”, dice él, reconozcamos que Dios es Dios, que nunca se equivoca y que solo quiere nuestro bien. 

            Si tu depositaste tu vida en la manos de Dios, a pesar de eso, las cosas no saldrán siempre como a ti te gustaría que saliesen. Pero confía en el Señor, arrodíllate, adóralo, porque Él sabe lo que está haciendo y, más pronto de lo que te imaginas, lo entenderás. No te desanimes. Para llegar al puerto de la victoria es necesario navegar con el viento, a veces a favor, a veces en contra, pero no dejar de navegar. 

            Por eso,  "Venid, adoremos y postrémonos, arrodillémonos delante de Jehová nuestro hacedor"

 

 

Colaboración especial de Alejandro Bullón.

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