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GL La Verdad Radio 1270 AM

Historia de Domingo

Por:   Raúl Ruiz 30 de septiembre de 2017

Don Manuel de Jesús Rivera es un respetado profesor ya jubilado.

Vive en la Colonia Pitic, en Hermosillo.

Su casa, de toda la vida se ubica en ese lindero que roza ya con la Colonia Balderrama.

Es uno de los sectores más tradicionales y apacibles de la ciudad.

En medio del bullicio de dos bulevares, del Morelos y el Gómez Farías, la casa de Don Manuel de Jesús conserva, además de un frondoso arbolón frente a su casa que prodiga sombra, la tranquilidad del tráfico.

Ahora, ya casi retirado de la vida productiva, se dedica a fabricar guitarras.

Es una fuente de ingresos, de ocupación, pero sobre todo una terapia: él mismo pide las maderas a estados del Centro, o a países si así se requiere, especiales todas ellas y, con una destreza admirable, arma y desarma guitarras.

Al final el producto es asombroso, por su calidad y por la acústica que logran ofrecer.

Tiene de varios precios, como de varias maderas son.

Basta preguntarle por ellas para que la sala de su casa se llene de una, luego de otra, y una más de aquellas.

Las guitarras salen de su recámara, de otro cuarto y de quién sabe dónde más.

Pero llama la atención una que Don Manuel de Jesús no oferta.

“Esta es la mía”, sólo contesta cuando se le pregunta por esa y su precio. Entonces la abraza hacia así.

“Está bien ¿Pero si la tuvieras que vender, en cuánto la darías?”, lo reta Ramón Moreno, su yerno sentado frente a él.

“Es mía, no tiene precio”, aclara y cierra toda posibilidad.

Es una guitarra especial para Don Manuel de Jesús: No solo porque con ella, cada sábado se reúne con sus amigos y la rasga, sino porque le es todavía útil.

Fija bien el valor de las cosas: Tienen un precio emocional, pero también un precio de utilidad.

En este caso, la guitarra de Don Manuel de Jesús tiene los dos valores, y él se apresura a aclararlo.

En este caso la guitarra es “digna” de Don Manuel de Jesús, y don Manuel, por su coraje para defenderla y sentirla suya, es “digno” de la guitarra.

 

Los sismos y los dignos

Ahora que ocurrieron los sismos de septiembre pasado en la Ciudad de México y los estados de Oaxaca, Chiapas, Puebla y Morelos el escritor e intelectual mexicano Enrique Krauze concluyó que el fenómeno natural había dejado en claro que había “dignos” e “indignos”.

En el primero de los casos ubicó a los jóvenes.

En el periódico Reforma publicó una columna sobre esta asombrosa participación juvenil. El fragmento esencial lo dibujó así:

“… ¿Dónde están los jóvenes?, nos preguntábamos hasta hace unos días, lamentando su aparente desidia ante la vida pública. Y ahora los jóvenes nos han refutado de una manera magnífica:

“Acá estamos”, nos dicen, con sus actos de anónima heroicidad.

“Acá estamos”, no en la grilla miserable, no en la comparsa de cualquier propaganda. “Acá estamos”", organizados, prácticos, autónomos, solidarios, dueños de una madurez que los mayores no imaginaban, listos para reaccionar cuando la naturaleza golpea, cuando de veras se necesita….”

(Hasta aquí el fragmento)

Con una sensibilidad envidiable Krauze se refirió así al arribo de los jóvenes a los sitios de rescate en el terremoto de 7.1 grados en la Escala de Ritcher.

Pero también se ocupó de los que ha calificado de indignos.

En el mismo texto, dedicó un fragmento (fulminante) para ellos:

“… Absolutamente todos los partidos son indignos de esta nueva generación de héroes anónimos que han tenido su bautizo existencial y social en este terremoto.

De cara a las elecciones, además de acotar sus indignantes gastos de campaña, lo menos que pueden hacer es hablarles a los jóvenes, debatir frente a ellos y con ellos. Con franqueza y humildad….”

(Hasta aquí el fragmento de Krauze sobre los “indignos”).

Todo hace indicar, por las opiniones vertidas, y por los análisis sobre lo ocurrido tras el sismo, que estamos todo de acuerdo en esta irrupción juvenil y la confirmación de que los partidos y políticos en general cosechan el repudio social debido a sus irresponsables actos.

Los “dignos” y los indignos” locales

Ahora, con la “clasificadora” en la mano, quizás sería muy saludable buscar a los “dignos” y a los “indignos” de nuestra vida comunitaria.

Creo que no batallaríamos para decir que dentro de la categoría de los “dignos” está, por ejemplo, el boxeador sonorense Oscar Valdez, un púgil que no pierde la mira de convertirse en orgullo local con trabajo y mucho esfuerzo.

Muy digno es, sin duda, el navo-sonorense Arturo Chacón: El tenor mexicano no sólo ganó el concurso más preciado a nivel Iberoamericana en Bell Canto, sino que se perfila como la estrella fulgurante del horizonte musical del País.

La lista es larga y llena de méritos.

Pero lo hay también “indignos”, y ahí, para nuestra desgracia, el listado es largo. Quizás más que el primero.

Algunos de ellos, por ejemplo, y pocas veces por cierto mencionados, son los ex diputados locales, aquellos que integraron la Legislatura anterior y quienes fueron los que validaron al ex Gobernador Guillermo Padrés todas las “pillerías” cometidas y que conocemos.

Muchos de ellos, por cierto, ocupan ahora tareas públicas y prefieren no voltear hacia atrás porque se les incrimina.

Usted, como observador del acontecer de su comunidad, se hará un gran favor si empieza a colocar a los “Dignos” y a los “indignos” en su casillero adecuado.

A lo mejor ahora que vienen las campañas se llevará una sorpresa cuando tenga que decidir.

Don Manuel de Jesús, a sus más de 80 años, es un hombre sabio: No necesita ya “clasificadora social” para distinguir, como lo hizo con su guitarra, quién es quién.

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El balazo en los pies

A propósito del sismo y de la necesidad de dinero para la reconstrucción de las zonas devastadas (se estima costará 37 mil millones de pesos) hay una corriente que opina que debe quitarse el dinero público que se entrega a los partidos y canalizarlo hacia esa tarea.

La solución parece perfecta:

1.- Se requiere dinero público que no hay

2.- Y se voltea hacia el “villano favorito” de la opinión pública, aquel al que todo mundo odia por la percepción de conchudez y cinismo en su actuación, como es el caso de los políticos y partidos, y se les pide quitar su dinero.

Eso parece saciar el reclamo de justicia de una fanaticada enojada con su sistema político por la falta de resultados positivos en su vida diaria.

El problema es que ese “sacrificio” hecho para saciar la necesidad de sangre de las multitudes es una salida falsa.

“Quitar el financiamiento público es darnos un balazo en los pies, es demagogia de la mala”, advierte, y advierte bien uno de los politólogos más serios y respetables del país, José Woldenberg.

Su argumento central es uno: Si eso ocurre les dejaremos a empresas privadas y a delincuentes el control de las elecciones.

Otro que también conoce del tema, Luis Carlos Ugalde,              quien como Woldenberg fue presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), es contundente:

“… Eliminar el 100% del financiamiento público es irresponsable, indeseable y demagógico…”.

Es cierto, odiamos a los partidos y su proceder, nomás que no vayamos a hacer, guiados por ese odio, una locura de la que después nos arrepintamos.

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