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GL La Verdad Radio 1270 AM

Historia del Domingo

Por:   Raúl Ruiz 8 de octubre de 2017

La misma Margarita de siempre

 

Margarita siempre ha sido así.

La conocí en el 2004 por primera vez en el aeropuerto de San Luis Potosí.

Había ido, junto con una cauda de panistas, de bajo, mediano y alto nivel, a un informe de Gobierno de un Gobernador de extracción azul, Marcelo de los Santos Praga, que era motivo de orgullo y aprecio.

Ella llegó, ya en el regreso, cuando casi todos ya se embarcaban a sus estados de origen y platicó con los que quedábamos en la Sala de Última Espera y no volaban en aviones privados.

Sencilla, discreta, humilde, seria, sin maquillaje evidente, de vestir modesto (incluso, rayando en el mal gusto), y de hablar pausado (al punto de ser casi aburrida) la esposa de Felipe Calderón destacaba (y destaca), sin embargo, por su firmeza, inteligencia y decisión.“Es valiente, no la subestimes”, coincidieron varios al escuchar sus planteamientos sobre el PAN y la política nacional.

La Sala de Espera ardía en bullicio de “grilla” y las opiniones y diferendos iban y venían.

Después la perdí de vista.

Hasta que la encontré de nuevo en Los Pinos, la casa Oficial del Presidente de la República.

Fue en un cumpleaños del entonces ya Presidente Felipe Calderón Hinojosa.

Eran distintos: Él, michoacano, alegre, bullangero, cantante (casi un trovador), de fuerte temperamento (explosivo), y ágil reacción.

Ella, por el contrario, tranquila, cómplice del Presidente, no de ese momento, sino de toda la vida, se sumaba a la fiesta, pero conservaba su bajo perfil y su agradable sonrisa.

Parecía más u ama de casa preocupada por los asuntos del País que lo que realmente era: Artífice de decisiones trascendentales, estratégica en su estructura mental y hábil para dialogar.

“Es buena conversadora”, me dijo Javier Lozano, cercano a sus afectos y participante en casi todos los cumpleaños del Presidente Calderón en Los Pinos.

Por eso ahora que se va y uno lee su carta de despedida uno no puede menos que confirmar que es una mujer congruente: Es la misma Margarita de siempre.

La misma que uno vio desenvolverse como diputada federal.

La misma que admiró su etapa de madre de familia.

La misma que comprendió tan bien su rol de Primera Dama, al lado de su esposo el Presidente, que ganó nuestra admiración.

La misma que vivió las convicciones panistas desde su nacimiento.

La misma que quiso ser candidata a la Presidencia por el PAN.

La misma que, como muchos mexicanos, ha soñado con cambiar este País y que haya mejores condiciones de vida.

 

La carta y la congruencia

En su carta ella dice: “…Aquí (en el PAN) encontré una fuerza indescriptible en los hombres y las mujeres que conocí en esta institución. Entre las cosas que más me llamaron la atención fue la manera de hacer política: Honesta, libre y valiente…”

Es cierto: A Calderón y su esposa pueden acusarlos de irresponsables, de ser corresponsables de una “guerra” contra la delincuencia organizada con alto costo social y humano, de no haber hecho más desde la posición política que ocuparon (la más alta) por el País, pero no de corruptos o no arrojados. Por el contrario, a veces hasta se fueron de paso.

En su carta dice: “…Durante mis 33 años de vida en el PAN, lo serví con cariño, con la seguridad de que era el mejor instrumento que podíamos tener los ciudadanos para transformar al País…”

Es cierto: Estaba tan convencida de ello, que a pesar de tantas altas y bajas nunca abandonó esa agrupación… hasta que Ricardo Anaya y la propia descomposición interna del partido, no le dejaron alternativa. Ricardo Anaya, el jefe nacional del PAN, y Damián Zepeda, el sonorense segundo de a bordo en esa nave, pueden ahora presumir que son los responsables de la peor fractura interna de ese partido. Inmaduros e irresponsables.

En su carta, Margarita también escribe: “México tiene otros tiempos que no son los de la dirigencia del PAN…. Es claro que quien me compite ha cooptado los órganos del partido y ha terminado por entregar las decisiones importantes del PAN a otros…. Canceló totalmente la vida democrática interna y la participación ciudadana en el PAN…”

Es cierto: Parece que describe una situación de lo que vive ese partido a nivel local y estatal. Los dirigentes impuestos, con mecanismos de cooptación y control partidista, y con proyectos personales más que del interés ciudadano. Es, como en los demás partidos, tiempo de caciques.

En su carta, además, laprecandidata a la Presidencia de la República, también escribió: “…Renunció al PAN por las razones expuestas y porque la Ley me obliga a hacerlo, incluso antes de poder conocer la forma en que se decidirá la candidatura de Acción Nacional o el llamado Frente (ciudadano). De no hacerlo quedaría impedida para participar en la contienda electoral…”.

Es cierto: Ricardo Anaya pretendió, en un juego malévolo, llevarla hasta el límite, no darle oportunidad de ser candidata y, de paso, quitarle también la posibilidad de serlo como Independiente. Ella, en un acto de congruencia, reitera lo que ya había dicho: Quiere competir por la Presidencia.

En su carta, en otro de los puntos, Margarita afirma: “…Renuncio al PAN pero no a mi deber de hacer política con principios y participar en la vida pública de México…”

Es cierto: Estará en la boleta electoral, aunque no con la franquicia del PAN. Su mensaje consistente de su convicción panista seguramente le permitirá jalar a millones de votos de panistas que trabajaron con ella y la conocieron de cerca.

 

El sentido de las cosas

Con Margarita se puede no estar de acuerdo, se puede diferir.

Lo que no se puede hacer es negarle su firmeza en las ideas y su convicción democrática.

Es curioso: El principal argumento para cuestionarla es su esposo Felipe Calderón y sus errores (hasta que es ebrio le dicen y la culpan a ella).

De ella no se dice más de eso.

Qué envidia: Siendo la política y los políticos los personajes más desprestigiados y detestados que esos sean sus negativos es una bendición.

Y todo tiene una explicación: Margarita es la de siempre y eso agrada.

Buena suerte en su nueva aventura política

 

 

 

…Fui de la mano con el partido de acuerdo con mis convicciones: Con trabajo diario, con honor, con alegría, con dedicación y con todos mis compañeros en busca de esa Patria ordenada y generosa…”

Margarita Zavala, en su carta de renuncia

 

 

 

 

 

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