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GL La Verdad Radio 1270 AM

Palabras de Vida

Por:   Karl Fick 9 de octubre de 2017

Enemigo en casa

 

La noche del pasado domingo 1 de octubre, en Las Vegas, Nevada. Sucedió uno de los atentados más atroces en los últimos años, dentro de la Unión Americana. Atentado que cadenas internacionales como CNN lo califican como  “El peor tiroteo en la historia moderna de EU”.

Se llevaba a cabo un concierto de música country en Las Vegas. Concierto que había logrado una asistencia alrededor de 22,000 personas. Todo era diversión, hasta que desde el piso 32 del Hotel Mandalay Bay, justo en frente del lugar donde transcurría el festival, comenzó a llover ráfagas de proyectiles sobre la gran multitud de asistentes.

Según testigos, la primera ráfaga fue casi imperceptible, debido a que muchos creyeron que simplemente eran fuegos artificiales. Fue hasta que comenzó la segunda ráfaga, cuando el cantante Jason Aldean decidió parar su participación y buscar un refugio. En ese momento, la gente atónita comenzó a darse cuenta de lo que estaba sucediendo. En el lugar sólo se podía escuchar una ráfaga de balas sin intención de ser interrumpidas y se veía una multitud cegada por el pánico buscando algún refugio, a la vez que decenas de personas caían al piso por causa de heridas de bala.

Los testigos afirman, que aquellas detonaciones llegaron a durar más de 10 minutos. En el recuento de los daños, según reportes policiacos, el saldo fue de 58 muertos y cerca de 500 heridos. Además el autor de la matanza se suicidó.

Entre la tragedia y el desconcierto comenzaron a surgir algunas posibles teorías acerca de quién o quiénes pudieron haber sido los autores de aquella masacre. Por la mente del mundo, especialmente de los estadounidenses, se comenzó a sospechar inmediatamente de los musulmanes, afroamericanos, alguna persona con ascendencia latina o simplemente algún grupo terrorista.

La gran sorpresa para ellos y el mundo entero, se dio cuando la policía reveló la identidad del asesino. No se trataba de ningún musulmán, afroamericano, mucho menos latino. Se trataba de Stephen Paddok, un hombre originario del Estado de Nevada, de tez blanca y con un historial del cual nunca nadie hubiera sospechado. Así es, aquel hombre que había perpetuado uno de los crímenes más atroces de los últimos tiempos, era uno de ellos.

Investigaciones revelaron, que aquel hombre no tenía antecedentes criminales, tenía cuentas en el banco, posesiones de un valor considerable y era una persona que frecuentaba Las Vegas, debido a su pasión por las apuestas. Su personalidad tan reservada y la falta de alarmas en cuanto a su vida personal, trae a cada mente una sola pregunta: ¿Por qué lo hizo?

Esta masacre pone en duda ante la sociedad todas las etiquetas y prejuicios que existen con respecto a los tipos de gente peligrosa para los Estados Unidos de América. Mismos prejuicios que a lo largo de la historia han terminado en grandes actos de racismo y discriminación. Este suceso, además de las grandes lecciones en cuanto a seguridad, trae la siguiente pregunta para la sociedad: ¿Sera que en realidad los verdaderos enemigos viven entre nosotros?

Definitivamente, como en el caso anterior, los ataques más peligrosos suceden cuando menos lo esperamos y de quien menos lo imaginamos. Cuando estas cosas pasan, vienen acompañadas de grandes reflexiones. En esta ocasión, por la naturaleza en la que se dieron los hechos, te invito a pensar en la siguiente pregunta: ¿Cómo son los ataques más peligrosos a nuestra vida?

El manual de vida para cualquier persona, es decir, la Biblia, nos tiene la respuesta a esta interrogante.

En esta ocasión la lección se encuentra en 2 Samuel capítulo 11: “Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa.” (RV60)

Al analizar esta historia, nos encontramos con uno de los peores pecados que pudo haber cometido un rey en la historia bíblica, en este caso el rey David. La historia cuenta que él caminaba en su palacio, al parecer sin nada que hacer. Sucedió entonces que desde uno de sus balcones apreció a una mujer hermosa. Al igual que en el caso de Las Vegas, el homicidio comenzó desde un balcón.

Más tarde el rey David fue cegado por sus pasiones y llegó al punto de tener que asesinar al esposo de aquella mujer. Seguramente, ni el rey, ni nadie, habrían imaginado que uno de los peores ataques para su vida viniera en el momento que jamás se lo esperaba y de una forma en la que jamás imagino. David vivió las consecuencias de sus actos y años más tarde, él mismo se muestra completamente arrepentido en el libro de los Salmos, pidiéndole a Dios que nunca se aparte de él. David era un hombre que tenía todo, y al que aparentemente nada le podía hacer daño. Sin embargo en el momento que menos se lo esperaba, su corazón flaqueó, se olvidó de Dios y cedió ante sus pasiones. Las consecuencias fueron fatales, pasó de ser un rey ejemplar a un asesino.

En la vida diaria, puede pasar lo mismo con cada uno de nosotros. Debemos tener en claro, que lejos de Dios no hay prueba pequeña ni tentación fácil. Nuestra desgracia puede venir de donde menos lo esperamos. Te invito a que tomes la decisión de acercarte a Dios cada día. A entender que en este mundo los peligros, las tentaciones y la muerte nos pueden sorprender en cualquier momento y cuando menos lo esperamos. Corramos cada día a buscar a Dios para vivir seguros. Al contrario de aquella gente que corre desesperada en busca de un lugar para refugiarse, tendremos la seguridad de que cerca de Dios la protección es segura, eficaz y constante.

Colaboración especial de Carlos Daniel Mendoza Ruiz

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