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Indígenas Mayos van al Juya Ania

Por:   Max Palomares 2 de septiembre de 2018

La creencia sobre la muerte era que debían ser enterrados sin ataúdes, envueltos en un petate de palma para que pudieran regresar al “mundo monte”


El “Juya Ania” o “universo monte” es el lugar a donde van los Yoremes al morir, es un regresar a la tierra que les da el alimento y la vida, explicó Secundino Amarillas Valenzuela, promotor de la cultura indígena. 

“Hace 20 años atrás no se hacían ataúdes de madera se envolvía el cuerpo de la persona en un petate de palma y se enterraba para que pudiera regresar a la madre tierra la cual lo trajo al mundo”, comentó. 

La visión de la muerte para el indígena era diferente y tenía un ritual particular, sin embargo  se fue modificando con la llegada del catolicismo, mencionó. 

Desde antes de que una persona muera, cuando los familiares lo ven grave lo primero que hacen es buscar a los padrinos  de muerte, 3 hombres y 3 mujeres, indicó, quienes se encargarán de atender el ritual del funeral. 

“Los padrinos se encargan de todo,  de estar pendiente de él hasta el día en que muere; una vez que fallece los padrinos se encargan de vestirlo, ponerle un collar especial que hacen de motas de ixtle o algodón, se encargan incluso hasta de recibir a las personas que van a visitar a los dolientes y el cuerpo”. 

Los conceptos de infierno y cielo existen para los indígenas por la religión, pero los antepasados creían que cuando una persona moría reencarnaba en otro ser, persona, animal, o planta. 

“Ellos tenían mucha relación con la naturaleza y esa es la madre de nosotros y nuestros antepasados pero ya con la religión y los conceptos del bien y mal empezamos a creer que el que se portaba mal iba al infierno y el que actuaba bien al cielo”, manifestó. 

Otra de las cosas que se hacen cuando un Yoreme muere, dijo, es buscar a un maestro rezador, una persona de respeto en la comunidad quien continuamente realiza rezos  por el fallecido hasta el momento que lo sepultan para abrirle las puertas a la gloria. 

“Esa costumbre está relacionado con el catolicismo antes no se hacía, nomás se les guardaba luto, no se escuchaba música, se usaba vestimenta negra y se tenía que respetar el luto durante un año”. 

Luego de haber sepultado a la persona, los padrinos colocan un altar  forrado con tela negra y con una cruz blanca al frente y ahí se realiza el novenario. En cada una de las esquinas del altar se ponen hojas de dátil en forma de arco y unas barras de carrizo sobre las que se cuelgan frutos. 

La percepción de la muerte como el nacimiento han cambiado con el paso del tiempo, consideró, ejemplo de ello son las parteras las cuales han desaparecido. 

“Una partera atendía a la mujer cuando iba a sanar, era la que recibía al niño y al nacer le cortaban cordón umbilical y a los días la costumbre era que se tenía que enterrar”, agregó,  “desde ahí ya tenemos una relación con la tierra, al nacer enterramos nuestro ombligo y al morir debemos volver a la tierra”.

 

 

 

 

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