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PUESTOS 15

Por:   Aarón Machuca 10 de septiembre de 2018

DE LO MEJOR QUE HA DADO NAVOJOA

Por Aarón Machuca


Nacido el 23 de febrero de 1936 en Múzquiz, Coahuila, de muy temprana edad fue llevado a la ciudad de Culiacán, Sinaloa y a los 13 años llegó a Navojoa para quedarse, realizar sus sueños, formar una familia y hacer historia en los gallos de pelea: nos referimos a don Eduardo Ramírez Valencia (+).

Casado en el año de 1964 con la señora María del Carmen Alicia Félix Gutiérrez con quien tuvo 5 hijos; 1 hombre y 4 mujeres.

Fueron más de 35 años los que le dedicó a la agricultura, fumigador y desde luego a los gallos de pelea.

Don Eduardo (+) tenía tres hermanos. Memo, Joel y Jesús. El mayor de los 4 era Memo y fue el quien les inculcó a sus hermanos el gusto por los gallos de pelea.

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Conocido en el mundo de los Gallos como El Chon o Chonito, don Eduardo hizo muchos amigos como don Neto Navarro, Roberto Larrañaga, de Navojoa, El Peluquero de Ciudad obregón, Horacio Gutiérrez, de la Angustura, Sinaloa, el doctor Meza; un gran amigo

Fueron en algunas partes de México donde tuvo la oportunidad de jugar como en Guadalajara, en la famosa “Perla Tapatía”; algunos años jugó en esa ciudad, en la playa Las Bocas también jugó por algún tiempo cuando el encargado de hacer los eventos era el Chino Espinoza; en Hermosillo en la Serie del Caribe, en Cócorit, así como en Casas Grandes, Chihuahua y Culiacán, Sinaloa.

En las peleas de gallos como hay triunfos también hay derrotas pero uno de los grandes triunfos sin duda fue en Culiacán, Sinaloa; le ganamos un compromiso a un famoso gallero apodado El Gorra Prieta que en ese tiempo era de lo máximo en el ambiente gallístico; esa noche el resultado fue 5-2; a la siguiente semana volvimos a Culiacán y nos tocó jugarle al Wuero Labastida;  le ganamos 5-2, pero al mes regresamos y el Wuero Labastida se las cobró y nos ganó 5-2.

Hubo otra jugada muy buena en Casas Grandes, Chihuahua; en ese compromiso iba en sociedad con don Jesús Estrada y en el primer compromiso llegamos a la séptima pelea empatados 3-3; recuerdo que el ultimo gallo era 2.300 kg.

El gallo que decidía la ventaja era un cromo de animal precioso; sin exagerar, rapidito se terminó la pelea dos tres patadas y nuestro gallo gana y con eso ganamos el compromiso; en esas peleas quien soltó y amarró fue Layo Guzmán, originario orgullosamente de Navojoa.

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Sin lugar a dudas la línea predilecta fue la del señor Johnny Jumper; también manejó una línea de giros Roy Brady, Kelso y Hatch pero la favorita eran las líneas del Sr. Jumper; de hecho existía una relación con el Jumper que primero comenzó como negocio y ya después se hicieron amigos.

Don Eduardo comenzó averiguar con amistades en Guadalajara que sabían mucho de gallos quién tenía lo mejor en gallos y fue como dio con el señor Jumper en Ripley, Mississippi.

En varia ocasiones fueron a visitarlo a su gallera y comprarle directamente sus primeros pie de crías; estamos hablando que fue una relación de amistad de unos 12 años; ya después con el tiempo existe la suficiente confianza y el señor Jumper mandaba los gallos a Tucson, Arizona y nosotros íbamos por ellos.

En el año 1976, en verano para ser más precisos, regresa a la gallera del señor Jumper; a don Eduardo en esa ocasión lo acompañó su esposa, hijo y su papá; estuvieron alrededor de 5 días; el señor Jumper personalmente los recibió y les da un paseo por todas las instalaciones y les muestra los pie de cría.

Algo que se tiene que comentar es que las visitas a la gallera eran con cita previa; en aquel tiempo el hijo de don Eduardo, del mismo nombre, tenía alrededor de 10 años y no le llamaba tanto la atención pero ya con el tiempo agradeció a su padre porque fue una vivencia que difícilmente podría volver a vivir.

En aquel tiempo no se dio cuenta del tamaño del personaje que había conocido; haber convivido con él y estar en su gallera; al paso de los años ser testigo de lo que se convirtió el señor Jumper: el máximo criador de gallos de la historia.

En esa ocasión que nos dirigíamos a Ripley, Mississippi, a visitar al señor Jumper llegamos al Aeropuerto de Memphis, Tennessee, como a las 9 de la noche; ahí mismo se rentó un carro para dirigirnos a Ripley; serian unas 3 u 4 horas más o menos; estaba lloviendo con mucho viento y había lugares donde hasta granizo caía; nos llamó mucho la atención que la carretera estaba muy vacía y se nos hizo muy extraño pero nosotros seguimos nuestro camino hacia Ripley.

A la mañana siguiente encendemos la televisión y nos damos cuenta por medio de las noticias que esa noche que nosotros viajamos había una serie de tornados que azotaban la zona y nosotros ni en cuenta; afortunadamente no pasó nada. 

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Don Eduardo tenía un dicho:

“las cosas bien hechas y a su tiempo no tenían problemas”. Este era uno de los consejos a las personas que se le acercaban: que trataran de jugar lo más derecho que se pudiera.

Además de las peleas de gallos, don Eduardo vendía gallos por temporada; eran alrededor de 350 gallos machos; los principales clientes estaban en Guadalajara, Tepic y la mayor parte de los gallos que sacaba los enviaba a la Angostura, Sinaloa, con el señor Horacio Gutiérrez.

Como un último detalle especial cuando don Eduardo decidió que se metería a los gallos de lleno, se juntó con el Brazo de Oro y el Sapo, grandes soltadores de aquella época, oriundos de Jalisco.

Esas dos personas le ayudaron mucho de cómo hacer las cosas; además, don Eduardo siempre elaboró su alimento para los gallos; un nutriólogo en animales le hizo la fórmula. Don Eduardo también comentaba que en una ocasión el señor Jumper le llegó a comentar que la mayoría de los que cuidaban gallos cometían algunos errores en inyectarles tantas cosas a los animalitos; él tenía la teoría que los gallos mientras más naturalitos fueran al combate mejores resultados obtendrían.

A don Eduardo se le recuerda como una gran persona, con amigos y sobre todo por ser uno de los mejores galleros que ha dado esta ciudad.

Agradezco mucho la colaboración de Eduardo Ramírez Félix, hijo de don Eduardo, por apoyarnos y brindarnos la información necesaria para redactar la historia de su padre en el mundo de los gallos.

 

¡Hasta la próxima!

 

 

 

 

 

 

 

 

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